sábado, 7 de abril de 2007

Cultos en Buenos Aires: los tiempos políticos y religiosos.

-entrevista a Alicia Vázquez-

Nos encontramos con Alicia Vázquez, Directora General de Cultos
del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. En su despacho del 2º
piso de Avenida de Mayo 560 conversamos sobre las comunidades religiosas,
identidad y diversidad cultural, la inmigración, la discriminación, y una amplia gama de temas concernientes al pasado y al presente de la Ciudad de Buenos Aires.

Imagen

 
Entrevistando a Alicia Vázquez, Directora General de Cultos del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. 

P: Buenas tardes Alicia, gracias por recibirnos. Es un gusto poder conversar con usted.
R: Igualmente.
P: Hay un Registro de Cultos que depende de la Secretaria de Cultos de la Nación…
R: Si, está sustentado en criterios con los que algunas comunidades no están de acuerdo y creo que la Secretaría de Cultos está en la búsqueda de organizar un registro que pueda satisfacer las preocupaciones del resto de los cultos. Yo en Nación prefiero no opinar…
P: ¿A nivel de la Dirección de Cultos del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires cómo y quién lleva un registro de cultos, por lo menos desde un punto de vista estadístico?
R: Nosotros no tenemos registro, pero tenemos una muy buena base de datos. Como estado sí tenemos que conocer las comunidades que hay en nuestra ciudad, para eso tenemos una base de datos, un directorio, como cualquier otra área de gobierno cuya responsabilidad es el vínculo entre el gobierno y el sector de competencia. El nuestro es el religioso. Nosotros tenemos la relación entre el gobierno de la ciudad y los diferentes cultos, diferentes comunidades religiosas o espirituales. Para qué buscamos conocerlos, porque consideramos que en la ciudad de Buenos Aires, como se ha dicho, la identidad es la diversidad. Decimos desde Cultos que queremos hacer visible la diversidad religiosa porque pensamos que de esa manera contribuimos a superar situaciones de discriminación que surgen en muchas ocasiones de lo desconocido. Queremos mostrar la convivencia fraterna en esa diversidad porque en Buenos Aires, a pesar de haber habido dos atentados muy importantes en la comunidad judía no tenemos registro en nuestra ciudad de enfrentamientos serios por cuestiones religiosas, y, por otra parte, queremos mostrar el compromiso social de la mayoría de las comunidades religiosas. Nosotros pensamos que si bien el estado es laico tanto el sector religioso, los cultos, o la comunidades religiosas, tanto como el estado, como el gobierno, tienen un objetivo común y es el bien común. En ese lugar es donde nos situamos juntos.
P: ¿Cuál es el eje fundamental de las actividades de la Dirección?
R: La línea es mostrar la presencia religiosa, mostrar la diversidad, la convivencia fraterna en la diversidad y el compromiso social.
P: ¿Y cómo lo implementan?
R: Lo hacemos de diferentes maneras: por un lado canalizamos todos los pedidos de diferentes cultos de uso de los recursos del estado, como cualquier otro. Eso significa el derecho que tiene cualquier comunidad de expresar su fe religiosa. Esto parecería algo menor pero en una ciudad donde la tradición era de contemplar a una sola comunidad desde lo formal, esto es muy importante porque al haber un área de competencia quiere decir que las comunidades cristianas, judía, musulmanas, hinduistas, etc., tienen la posibilidad de solicitar un permiso para mostrar su tradición religiosa. Hacemos actividades que tienen que ver con lo cultural. A fin de año sacamos un calendario que llega a todas las comunidades, sabemos que se utiliza para mostrar a algunos chicos de escuelas cristianas o católicas las otras expresiones religiosas que hay en la ciudad. Con ese mismo registro hacemos una muestra a fin de año.
P: ¿Buscan promover el diálogo entre las comunidades o participan a través de un pedido específico?
R: Hay actividades que surgen desde este trabajar conjunto. Nosotros no nos ocupamos de promover el diálogo. Como estado no podemos promover el diálogo que es de voluntad de cualquier comunidad religiosa, lo que sí yo hago es a fin de año, por ejemplo, reunimos alrededor de 150 mujeres de diferentes comunidades religiosas y como consideramos que las mujeres de cualquier culto son una parte importante del sostenimiento de esa expresión religiosa, las convocamos, las homenajeamos, y ponemos en su conocimiento nuestra gestión, los proyectos del año, lo que funcionó bien, lo que nos quedó pendiente, y en ese espacio viene la persona que quiera. Nosotros invitamos a todos. Como invitamos también cuando hacemos una muestra o cuando articulamos campañas con otras áreas de gobierno. Ahí invitamos a todos, a ese espacio viene el que quiere.
P: ¿Le parece que está suficientemente difundida la actividad de esta Dirección, una actividad tan importante que atañe al diálogo entre las diferentes comunidades?
R: Siempre hay un circuito, siempre hay personas que están ocupadas por el diálogo y las diferentes actividades y esas personas si están atentas. Creo que no es demasiado conocido en otros ámbitos. Sería bueno que se conocieran algunas de las actividades que hacemos. Creo que sí falta difusión. Pero hay distintos emprendimientos relacionados al diálogo, hay bastantes.
P: ¿Cuales son los más significativos?
R: El diálogo judeo-cristiano, el diálogo judeo-musulmán, el diálogo ecuménico entre las diferentes confesiones. Hay varios emprendimientos que tienen que ver con esto. Desde gobierno no sé si me parece tan importante hacer demasiado público el trabajo que se hace porque me parece que por un lado es la responsabilidad que hay como estado de preocuparse. No sé si realmente corresponde hacer prensa de lo que uno debe hacer. En todo caso sí creo que puede ser importante que las personas conozcan que los religiosos se pueden sentar con una preocupación común, puedan sumarse a una actividad cultural o solidaria. De hecho con la crisis del año 2000 fueron los sectores religiosos los que salieron, como dicen los chicos, a “bancar” la situación. Se multiplicaron los comedores, los merenderos. Hubo una respuesta solidaria de todos los sectores religiosos cuando fue ese momento de crisis.
P: ¿Cómo canalizan desde Culto este aspecto relacionado con lo social?
R: Nosotros tenemos un Ministerio de Derechos Humanos y Desarrollo Social donde diferentes confesiones tienen un espacio de encuentro, y de canalización, de articulación del trabajo de gobierno con grupos religiosos que tienen comedores, hogares…
P: A nivel internacional se recibe ayuda económica para sectores carenciados…
R: Los grupos religiosos internacionales han hecho llegar su solidaridad a la Argentina en diferentes momentos. Hablábamos de la emergencia económica del 2000, pero tuvimos, por ejemplo, durante la dictadura militar de 1976 un apoyo fundamental de las agencias intereclesiales, de las agencias vinculadas a las agencias reformadas, nucleadas en el Concejo Mundial de Iglesias que fueron un soporte muy fundamental en la constitución de organismos de Derechos Humanos y del sostenimiento de esos mismos organismos. El Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos que está integrado por las iglesias protestantes y algunas diócesis católicas surgió antes de marzo del 76. Después, la Asamblea Permanente por los Derechos humanos, las Abuelas de Plaza de Mayo, antropólogos forenses, son organismos de derechos humanos que recibieron apoyo económico para impulsar su organismo. Así como decimos solidaridad internacional frente a la crisis, pero también después del 76 hubo un apoyo importante económico y político a los organismos de Derechos humanos de la Argentina por parte de sectores religiosos.
P: ¿Cómo es la relación de la Dirección de Cultos con el resto de las provincias. Hay algún encuentro nacional para ver problemáticas comunes?
R: No hay demasiadas áreas de gobierno que tengan un espacio dedicado a lo religioso. A veces suele estar dentro de lo que es política interior. No hay un área específica. Nosotros somos Dirección de Cultos, con “s”, en otros tiempos hubo espacios que se organizaron de otra manera. Sabemos que el Estado argentino sostiene el culto católico apostólico romano, pero nosotros como Ciudad de Buenos Aires tuvimos la posibilidad de poder generar un espacio que contemple la importancia que tiene la dimensión religiosa para las personas, para la ciudad y que sea un espacio que busque encontrar caminos de equidad.
P: Hay un día que se estableció por la libertad religiosa…
R: Hay una fecha que se propuso, el 25 de noviembre, que ese día se recuerde el día de la Libertad Religiosa, así como hay un día de la Diversidad Religiosa, que es el del levantamiento del Ghetto de Varsovia, esto es algo declarativo, no es una ley que plantee la igualdad religiosa en la ciudad.
P: Eso esta claro.
R: En la Argentina las personas tienen el derecho desde la constitución a expresar su fe religiosa en libertad. Libertad hay.
P: La religión católica sostenida por el Estado recibe el aporte, el sostenimiento económico del Estado. ¿Esto cómo es visto por el resto de las comunidades religiosas, usted recibe reclamos de los demás cultos?
R: Eso lo han planteado diferentes cultos a nivel nacional. Nosotros en la ciudad no estamos involucrados en esa problemática. Si nos plantean sobre los recursos que tenemos en Ciudad, los recursos los tenemos para cualquier comunidad religiosa, somos una dirección pequeña. El debate acerca de libertad e igualdad religiosa creo que todavía no encontró sus mejores tiempos.
P: ¿Por qué cree que aún este aspecto no está resuelto, existe un vacío…?
R: No sé si es un vacío. Indudablemente tenemos una cultura, un estado con una tradición católica apostólica romana oficial. Los tiempos de las iglesias, los tiempos religiosos son distintos a los que las personas como humanos podemos pensarlos. Los cambios no suelen ser inmediatos y no siempre la ley se adecua al tiempo de cambio. Es decir, nosotros tenemos que pensar que las primeras iglesias protestantes se construyeron sin campanas, porque había un requisito que se los impedía, no podían llamar a su culto. Los judíos cuándo tuvieron su primer templo, los musulmanes cuándo su primer mezquita. Pasó mucho tiempo desde que en Argentina se instalaron y crecieron como institución los cultos. Desde ese lugar es muy difícil decir “a partir de mañana igualdad religiosa”.
P: Es un debate que puede llevar un tiempo, pero es necesario…
R: Va a llevar su tiempo y seguramente se va a adecuar a las realidades del momento, a los cambios que se vayan dando, que en términos religiosos son cambios un poco más lentos que los que las personas a veces esperamos.
P: ¿Cómo ve -en una ciudad caracterizada por la diversidad- el impresionante crecimiento de los cultos que muestran las estadísticas y el reforzamiento de las identidades frente al fenómeno de la globalización?
R: Contra los pronósticos de disolución del mundo religioso sucedió lo opuesto. A pesar incluso del cuestionamiento a algunos sectores religiosos, a pesar de las crisis, el ámbito religioso siguió siendo uno de los ámbitos de mayor credibilidad frente al desprestigio o decaimiento de otros sectores como pudo ser el ámbito político. Ahora, yo creo que no hay demasiados nuevos cultos. A mí me parece que, en todo caso, existe una posibilidad mayor de poder expresar la fe religiosa o la expresión espiritual de muchas personas.
P: ¿Se estarían anotando cultos que existían pero no eran visibles?
R: Hubo personas de diferentes credos que las ceremonias la realizaban en las casa. Pasó el tiempo para que judíos, musulmanes, etc., construyeran los primeros templos, mezquitas, etc.
P: ¿Advierte desde lo religioso ciertas diferencias entre Buenos Aires y el resto del país?
R: Tienen una manera diferente de expresarse. Las provincias tienen la mayoría una tradición católica bastante Mariana. Muchas provincias tienen su diferente advocación a la Virgen. De todas maneras el ámbito cristiano crece porque hay bastantes iglesias evangélicas. Depende de los lugares. Buenos Aires es una ciudad urbana, con un puerto, donde la expresión religiosa pareciera ser menos mística. En las grandes ciudades no aparece demasiado lo religioso como primer emergente. En cambio en las provincias muchas de las actividades más importantes giraban en torno a la advocación de una virgen, fiestas patrias y patronales. La ciudad tiene otras expresiones diferentes.
P: ¿Cuántos lugares de culto tiene, aproximadamente, la ciudad de Buenos Aires?
R: Tenemos alrededor de 700 lugares físicos de cultos.
P: A comienzos de este tercer milenio se observan cultos que tienden al conservadurismo…
R: Eso habría que preguntárselo a cada comunidad. Yo creo que en el ámbito judío tenemos en Buenos Aires una importante cantidad de ortodoxos y también de conservadores. En cuanto al movimiento evangélico hay un número interesante un poco diferente a las primeras iglesias de la reforma que hubo en la ciudad, que eran un poco más liberales. Posiblemente el origen de las iglesias evangélicas carismáticas renovadas tienen, quizás, una mirada puesta en la recuperación de determinados valores religiosos asociados a una normativa personal. Podría pensarse que las iglesias protestantes son un poco más amplias o liberales que las iglesias evangélicas, quizás un poco más apegadas a ciertas conductas conservadoras, puede ser.
P: ¿El auge de las iglesias evangélicas es la expresión de un crecimiento religioso?
R: No puedo evaluar a una comunidad con un criterio católico. Entonces, para las iglesias protestantes o las iglesias evangélicas, la aparición de nuevas iglesias implica un crecimiento, para una mirada católica sería una separación, sería una pérdida. En Buenos Aires hay tres o cuatro iglesias evangélicas muy numerosas y creo que ofrecen a las personas algo que les cuesta encontrar en otro espacio, en otro ámbito. En el caso de personas de bajos recursos una iglesia evangélica le puede ofrecer un lugar de respeto, confía que el haberse incorporado a esa iglesia y aceptado el mensaje que tiene esa iglesia para él le depara mejores momentos, no solamente en lo espiritual sino también en lo económico, y esa persona, realmente en algunos casos, cambia su modo de actuar y su modo de verse; se arregla, aparece en su barrio mucho más prolijo. Como son iglesias un poco conservadoras algunas no miran bien que vayan mujeres con pantalones, los varones se ponen su traje y las personas del barrio dicen: “caramba, se hizo evangelista”. Y la convicción de que esa persona tiene mejores momentos hace que desde su fe lo logren, prosperan.
P ¿Según esto, la persona se ve mejor, crece el proselitismo y provoca el crecimiento de determinada comunidad?
R: Para cualquier persona de fe su opción es la mejor, desde ese lugar uno respeta la preocupación por llevar ese bienestar espiritual personal a otras personas. Esto es así, me parece, en cualquier culto. El momento de poner el límite es el respeto hacia el otro y el pensar que el encuentro con otra persona que tiene su fe puesta en otro lugar, esa expresión, en vez de restarle lo enriquece y que, en todo caso, viendo al otro que expresa su fe con tanta convicción lo que uno hace es reforzar su propia fe. Eso implica respeto y pluralismo religioso. Es algo difícil de obtener…
P: Pero se estaría en ese camino…
R: Yo creo que sí, al menos en el lugar de los dirigentes que se encuentran y se unen para enfrentar o denunciar situaciones de injusticia o internacionales. Nosotros tuvimos uno de los primeros actos en el mundo cuando el atentado a las torres gemelas, fue en el obelisco y estaban absolutamente todos los cultos de la Argentina diciendo no estamos de acuerdo con esto que sucedió.
P: ¿Como percibe que impactaron aquí -en la comunidad judía y musulmana- los hechos sucedidos el pasado año en el Líbano?
R: En Buenos Aires tenemos un nivel de diálogo importante entre instituciones de ambas comunidades. Y también tenemos sectores críticos de lo que el Estado de cada país lleva adelante desde lo político. Habría que preguntar a algunas comunidades de musulmanes cual es su postura acerca del Estado de Israel o a algunas personas religiosas de la comunidad judía que opina por la política llevada acabo por algunos países musulmanes.
P: Es un tema complejo que afecta los ánimos a través de acontecimientos que suceden a miles de kilómetros.
R: Pero en Buenos no ha habido una situación de enfrentamientos. De crítica sí. El diálogo entre los religiosos no se ha visto afectado, comparten espacios comunes. En Buenos Aires hubo momentos en que hubo personas que se vieron afectadas. Aquellas personas morenas de ojos grandes podían ser vistas como sospechosas.
P: Buenos Aires discrimina…
R: Sí, Buenos Aires discrimina a las personas de países limítrofes. En ese sentido tenemos muchas denuncias que las personas que vienen de Bolivia, de Perú sufren discriminación. En ese sentido ha habido un llamado por parte de la Iglesia Católica, señalando esas situaciones
P: El resto del país no sería ajeno a este comportamiento social.
R: Si revisáramos la literatura y recordáramos la importancia de la inmigración en nuestro país, diría que también. Yo soy segunda generación de argentinos y a mi abuela andaluza le hacían muchas bromas por su forma de hablar. Si se mira hacia atrás uno ve que hay signos de sorpresa ante personas que venían de un lugar desconocido que hablaba de un modo distinto, que su aspecto físico también era particular y ni hablemos de lo religioso, porque las personas en esos momentos no manifestaban su expresión religiosa si era diferente al del resto.
P: ¿Hoy nos encontramos mejor que un siglo atrás para recibir a las nuevas oleadas inmigratorias?
R: Yo diría que no desde el momento que discriminamos a un hermano, a una persona de Perú, de Bolivia. Somos del mismo continente, de América Latina, así no estamos mejor. La discriminación es una situación de injusticia que no podemos aceptar. En todo caso puedo decir estamos mejor si lo que vemos es la posibilidad de la denuncia. Hay organismos que trabajan en ese sentido, si desde ese lugar quizás estemos mejor. Pero la realidad es que cuando un niño en un barrio de Villa Lugano, Villa Soldati, o Flores va a su escuela y los demás niños le hacen bromas por su manera de hablar o por su color de la piel creo que no estamos mejor.
P: Dentro del auge de la manifestación religiosa se observa una importante actividad de proselitismo político. ¿Lo ve del mismo modo?
R: Siempre hubo personas de distintos sectores religiosos que suscribieron a distintas opciones políticas, esto no es nuevo. Lo religioso estuvo siempre muy vinculado.
P: Hay caudillos políticos que buscan votos dentro de determinadas comunidades.
R: Algunas personas suponen que una comunidad religiosa obedece lo que el pastor, el cura o el rabino le dice. No siempre es así. No digo que no. Seguramente para algunos dirigentes políticos en una feligresía deben pensar: qué bueno que estas personas pudieran darme su apoyo. No siempre sucede esto. Las personas guardan independencia de sus curas, pastores o rabinos. Pero cualquier manifestación que convoca a un número importante de personas es atractiva para cualquier elección.
P: ¿La mujer dentro del ámbito religioso, desde lo institucional y en lo cotidiano, es más integradora que el hombre?
R: En los ámbitos religiosos de la ciudad de Buenos Aires la mayoría de las personas que están a cargo de una comunidad son varones, hay algunas mujeres, pero no es lo más frecuente. Desde lo cotidiano la mujer llega después al diálogo, posiblemente de manera más efectiva.
P: ¿Cual es el motivo?
R: Las mujeres en todos los ámbitos religiosos trabajan de una manera similar, se ocupan de tareas bastante parecidas. El ropero, los medicamentos, los niños, y esto suele suceder en la mayoría de las comunidades. Se integra de otra manera, puede reconocer en la otra mujer una misma tarea, eso sí las une mucho. Como muchas mujeres están a cargo del área social se comunican con otras de otras comunidades para resolver un tema. Si es una persona que no tiene para comer o que está en la calle, o por un medicamento que no encuentra. Desde ese lugar hay otro tipo de acercamiento. Es una integración que no pasa tanto desde lo “políticamente correcto” sino desde lo “cotidiano”, desde la necesidad. En los últimos tiempos cuando las personas vieron que se cerraban las puertas de la esperanza, quienes tienen fe, tienen la certeza, la convicción de que esa situación puede cambiar, que pueden trabajar para que esto cambie. Indudablemente esa fe los sostiene.
P: La juventud, en este contexto cómo reacciona, cómo participa en momentos de cambios.
R: Cuando a muchos jóvenes les cuesta poner la mirada en un futuro, otros jóvenes con fe religiosa confían en que puede cambiar y piensan en qué pueden hacer para que esto cambie. El espacio religioso brinda la posibilidad de tener esperanza. Muchos sectores religiosos tienen fe, esperanza, no en una realidad encarnada en un futuro espiritual después de la muerte, como se podía ver en otra época, sino que tienen puesta su fe en una sociedad más justa, y en eso están comprometidas.
P: ¿Dentro del diálogo interreligioso la participación del judaísmo es monolítica o participa a través de diferentes agrupaciones, ashkenazíes, sefaradíes?
R: Desde Cultos nosotros no percibimos una diferencia. Quizás hay algunas comunidades judías abiertas al diálogo, y esto no tiene tanto que ver que con su origen ashkenazí o sefaradí, y hay otra corriente judía que puede ser la ortodoxa, que su tiempo no está en el diálogo. Además, en la ciudad, las participaciones pueden ser institucionales, pero en los judíos pasa mucho más por las instituciones no religiosas. Se visualiza mucho más la AMIA, la DAIA. Como comunidades religiosas no son tan visualizadas. Muchas veces hay instituciones que para salvar el dilema de a quién invito, invitan a la AMIA, que es una institución social pero que no es religiosa. Por otra parte hay personalidades del mundo religioso judío muy notables, que suelen ser más convocadas por su trascendencia, como personalidad religiosa, más que por la corriente a la cual pertenece.
P: Hay una sensación de un perfil bajo de la Dirección, de estar presente ante el pedido de las comunidades, y al mismo tiempo una preocupación de que no se la vea con intención de invadir ámbitos. ¿Esto es así?
R: Lo que pasa es que es la primera Dirección de Cultos, no la hubo antes. Lo que hicimos fue tratar de conocer a la mayor cantidad de comunidades religiosas ocultas que hay en la ciudad, e indudablemente por cuestiones culturales, y por situaciones de la realidad objetiva, hace que algunas comunidades sean más reservadas que otras y eso es entendible y hay que aceptarlo, comprenderlo. Quizás nos llevó más tiempo el acercamiento con determinas comunidades y seguramente, a veces, tuvo que ver la necesidad de la gestión de la Dirección para facilitar el vínculo, puede ser. De todas maneras es legítimo, porque nosotros estamos como Dirección de Cultos para ofrecer un servicio. Entonces, si vienen sólo cuando necesitan un servicio, entonces está perfecto. A nosotros nos interesa conocerlas y que las personas en la ciudad conozcan la diversidad que existe, pero hay que respetar los tiempos.
P: Indudablemente hay diferentes tiempos para cada persona y para comunidad…
R: Los tiempos religiosos son muy diferentes a los tiempos políticos. Los tiempos de los funcionarios son muy breves. Porque una gestión política dura muy poco tiempo en tiempos religiosos. Las comunidades religiosas, los cultos atraviesan muchas gestiones. Comienzan algunas un proyecto en una gestión y la terminan en otro, así que es muy relativo. Lo que sucede es que es difícil aceptar desde diferentes gestiones esta realidad.
P: ¿Qué leyes cree que faltan en materia de libertad de cultos en democracia para estar más a la altura de los tiempos?
R: A mí me parece que en cuanto a libertad estamos bien. Indudablemente se necesita una nueva Ley de Cultos, eso ojala se pueda concretar, eso lo está trabajando la Nación. Es un camino difícil.
P: Y desde su perspectiva, a grandes rasgos, que aspectos son los que están faltando para redondear una Ley que contemple las necesidades actuales.
R: Lo que hace falta son los acuerdos de reconocimiento de las instituciones como Instituciones Religiosas. La idea de iglesia está clara en el caso de la Iglesia Católica, no pasa lo mismo con los demás cultos, entonces hay toda una discusión sobre este tema. Es fundamental encontrar un lenguaje común y la construcción de reformas políticas que tiendan a la equidad. Yo no creo que se pueda cambiar a través de una Ley una realidad. Creo que hay situaciones que han cambiado y que deben ser reflejadas en la Ley.
P: En este sentido no es cuestión de “tiempos” sino que es un tema político…
R: Hay que buscar las maneras de acuerdo.
P: ¿La Dirección de Cultos de la Ciudad de Buenos Aires plantea esta necesidad?
R: No. La Ley de Cultos la están trabajando en Nación. Hay algunas provincias que han incorporado algunas reformas, sobre todo en lo que tiene que ver en asistencia espiritual en los ámbitos de salud y carcelarios, que son lugares también sensibles. La ciudad está muy pegada a la Nación en ese sentido, todavía. Somos autónomos hace muy poco tiempo. Así que no me parece, y esto es personal, plantearse una Ley de Cultos para la ciudad cuando los mismos sectores religiosos están discutiéndolo en el ámbito de la Secretaría de Culto de la Nación. Es a nivel nacional, allí donde creo que la Nación está poniendo su mejor gente para avanzar en ese sentido.
P: ¿Teniendo en cuenta esto, qué privilegiará su gestión en la ciudad de Buenos Aires, cuál será el foco?
R: Por lo menos en la ciudad de Buenos Aires lo que tenemos como desafío es poder trabajar con los diferentes cultos de tal manera que todos puedan hacer uso de sus derechos y garantizarle esto. Eso creo que es algo fundamental.
P: Le agradezco su disposición y amabilidad para esta conversación sobre temas tan vastos y profundos.
R: Gracias a usted.

© 2007. Carlos Szwarcer
Buenos Aires, abril de 2007.
 


domingo, 21 de enero de 2007

LA CASA ETERNA

por Carlos Szwarcer


Había esperado ese momento toda la noche, ansioso y desvelado. Aquella mañana sería diferente a todas las demás. Los peones sudorosos, con los canastos sobre sus espaldas, atravesaban meticulosamente el angosto zaguán y el enorme patio repleto de coloridas macetas; al trote cubrían la distancia que los separaba del corredor; y en el primer departamentito iban descargando nuestras pertenencias. Pobre mi bobe, se había ido al cielo sin despedirse de mí; eso sí nos había dejado la pieza y el comedor para que nos mudáramos de un tercer piso por escaleras al inquilinato.

Ya no tendría que subir tantos escalones cada vez que volvía del cole, ahora para mí todo sería distinto, pensaba, mientras encaramado a la base cuadrada del soporte de la heladera jugaba a que tenía un poderoso monopatín, sus rueditas y mi desbocada energía me llevaban de un lado al otro del patio común ante la mirada desorbitada de algunos vecinos.

Me conocían, claro, cada tanto íbamos por un rato de visita, pero ahora “el roiter” (el colorado) (1) llegaba para quedarse, y ya se sabe como son los pelirrojos: traviesos, malos, dañinos, aseguraba Esther, la de la primera piecita.

- Nene, ten cuidado con los malvones - me gritó Dora -. Y agregó, de entrada, para que no quedaran dudas de que el patio era su exclusivo territorio: - me rompes una plantika y “te ajarvo”. (2)

- Tranquilo íngale (3), tranquilo - susurraba Don Simón, el de la tercera pieza, dibujando una falsa sonrisa -. Sin dudas, presentía que nuestra llegada le complicaría sus monótonas y soporíferas siestas.

Y fueron años felices. Mis viejos, mis hermanas, los vecinos, un gran menjunje. Afuera la calle, lo nuevo, el inicio de un largo camino. Siempre me esperaba la barra de amigos, los juegos, “la feria”, el cole, en fin,… mi infancia, la vida en sus comienzos, tan pura y transparente. “Después… que importa el después”, dice el tango. Qué sentido tiene ahora observar dónde estoy, dónde llegué, qué fue, qué pudo ser. Más allá de todo, allí, en ese lugar, están los primeros momentos sublimes de mi existencia, inalterables por siempre, tan ciertos y monolíticos que resisten cualquier intento de olvido, aunque, a veces, casi sin darnos cuenta, agreguemos algún detalle nimio a lo acontecido, para tapar algún hueco de la memoria, o para embellecer innecesariamente lo que es bello de por sí, todavía un poco más.


Hace tanto calor; el local de la calle Warnes, al que llegué por un trámite, tiene aire acondicionado, después de unos minutos salgo y, otra vez, me sumerjo en el fuego del mediodía. Apurado, con tantas cosas por hacer, con el día que no alcanza. ¡No…no puedo dejar de pasar por allí! Estoy apenas a unas cuadras de mi vieja casa, siempre que estoy cerca paso, me atrae, no sé, es como un canto de sirenas. Seco la transpiración de mi cuello con el pañuelo. ¡Qué día complicado, la próxima vez paso! ¿Qué hago?, me pregunto ¡No! Tomo el teléfono celular y llamo a Marta. “Sabés donde estoy… en Villa Crespo”. Ese comentario es un guiño, ella sabe que indefectiblemente pasaré a cargar las pilas. “Ok… un beso”, me dice sonriendo.

Cada tanto me llego, necesito percibir los viejos aromas, recorrer la cuadra, los árboles, los umbrales que me conectan directamente con el origen, los frentes de las casas que todavía permanecen en pie, pararme frente a esa puerta de madera, con los brazos cruzados, como diciendo acá estoy todavía y vos también, buen roble, indestructible al paso del tiempo, como mi niñez.

Entonces… bajo por Malabia, doblo en mi calle Padilla, paso por el añoso árbol al que le sacábamos las ramas para hacer las populares y divertidas fogatas en aquellos inviernos tan fríos, y me voy acercando, de a poquito, como siempre, para ir saboreando el momento de los recuerdos. Camino casi pegado al frente de mármol negro de la casa en la que jugábamos a las figuritas, y de pronto me siento extraño, desubicado, como si me hubiera “chupado” un plato volador y me dejara en otro sitio, en otro lugar absolutamente desconocido. Miro hacia atrás, por las dudas, para saber si estoy loco o qué… Sin embargo, todo está igual, faltan, por supuesto, conjurados en algún rincón del pasado, los pibes de la barra, los puestos de la feria, mi vieja con su bolsa volviendo del almacén, el turco Liazer, el tano Tomás, el gallego Manuel, Moishe, el “shlepper” (4), pero, por los demás, todo, o casi todo, está en su sitio como algunas décadas atrás. Dicen que las piedras sobreviven a los mortales. ¿Y mi casa? Vuelvo a mirar y no caben dudas, no estoy soñando, estoy donde tengo que estar, pero donde estaba y tiene que estar la casa de mi niñez hay un edificio de nueve pisos, riéndose desde las alturas. Ni puerta, ni zaguán, ni patio, ni las baldosas de la calle quedaron.

Duro como una estatua de sal, frío como un témpano, desorientado, como a quien le mueven el piso o le quitan las estrellas del firmamento para siempre, atiné a decir solamente, con la voz temblorosa: ¡¡¡Qué lo parió!!!

- ¿Señor?, me pregunta un obrero con acento paraguayo.

Entro a la obra en construcción y me explican que estaban terminando los detalles, que finalizan en dos meses. Habían comenzado en marzo, casi un año atrás. ¿Tanto hacía que yo no pasaba? El zaguán no existe, donde estuvo el patio y el resto del inquilinato estará el garaje del moderno edificio. Me permiten recorrer la planta baja. Donde estuvo mi cuarto, por el momento, apenas unos ladrillos tirados, una bolsa con desperdicios y una pequeña hoguera quemando vaya a saber qué. Miro y miro, y no lo puedo creer. Ni patio ni Universo. Delante de mí un espacio inconmensurable, sin vida. Levanto la vista y el cielo es otro cielo.

Salgo del edificio, saludo a los albañiles y me voy yendo, abatido, metido en mis pensamientos. Me pregunto por la chapa de la puerta de entrada, por el número. Me doy vuelta, desando el camino y cuando voy a preguntarle a uno de ellos, observo que la chapa enlozada está allí, envejecida, con el “644” todavía estampado, negándose a que el óxido alcance a corromper ese número cabalístico, lo único que queda. Nadie me mira. Levanto mi mano derecha y compruebo que no está atornillada sino puesta a presión, entre la carpintería metálica y el vidrio. Intento despegarla. -¡Dale!, me digo. Es solo una travesura, como antes, como cuando tocábamos timbre y salíamos corriendo, como cuando hacíamos pendejadas. ¡Dale!, repito, llevátela, como recuerdo. Suave, muy suave la voy desacomodando, la estoy haciendo mía…

- Señor, me dice el capataz de la obra, mientras con cara de perro bulldog abre la puerta y me pregunta con aspereza - ¿Qué hace?

Tengo ganas de decirle tantas cosas, pero no me entendería. Le sonrío y miro la chapa por última vez. No me había topado con ningún plato volador, no me habían llevado a otra galaxia, simplemente mi casa de infancia ya no existía y nadie me había avisado. Tengo un nudo en la garganta, pero no más que eso. Decido no angustiarme, ni rasgarme las vestiduras, no tiene sentido, porque pensándolo bien… ¡qué me importa…, pero que carajo me importa, si está en mi corazón, dentro de mi ser, para siempre conmigo!


Notas

1)Roiter: Colorado, rojo. En este caso “pelirrojo”. Del Idish, judeo-alemán, o habla de los ashkenazíes, judíos llegados a la Argentina, principalmente desde Europa Central y Oriental.
2)Ajarvar: dañar, lastimar. (del djudezmo: habla de los sefaradíes. Denominada indistintamente djudezmo, ladino, judeoespañol, castellano antiguo, espanyol, españolit, etc. Idioma de los judeo-españoles del siglo XV y que sus descendientes mantuvieron, con ligeras variantes, según la región, en cada aldea en la que se afincaron luego de la expulsión.
3)Íngale: niño, nene, joven. (del idish)
4)Shlepper: vagabundo, harapiento, mal vestido (del idish)



© 2007. Carlos Szwarcer
Buenos Aires, enero de 2007.

martes, 12 de diciembre de 2006

DEL PATIO AL UNIVERSO

por Carlos Szwarcer


El sopor de algunas tardes me hacía devanar los sesos pensando en qué podía gastar mi tiempo ocioso. Solía encontrar ocupaciones bastante útiles al vecindario. Por ejemplo, cortaba un pedazo de elástico, al que blandía como instrumento letal, que me convertía en un justiciero cazador de molestas moscas. Silente me acercaba a ellas destrozándolas con morboso placer infantil contra las paredes, las macetas, el mármol de la mesada y el piletón de Doña Dora.

Cruzaba ese patio y luego el zaguán que me llevaba directo a la calle, donde comenzaba el ritual de los juegos con mis amigos de aventuras: Jaime, José, Enrique, Simón, el flaco Toriani, Beto, “el Rulo”, Dumi, Salo, “Pichón” y tantos otros. Parecíamos un grupo de energúmenos poseídos detrás de una rotosa pelota, jugando a nuestro deporte favorito: el fútbol. Las figuritas, las bolitas, el balero, las escondidas, los primeros equilibrios con la bicicleta y numerosos entretenimientos formaron parte de una época en la que la diversión era más simple y las voces del barrio también eran distintas, universales. Tiempos en que casi todos nuestros padres eran argentinos, pero la mayoría de nuestros abuelos habían llegado de todos los lugares. Por eso, cuando nos llamaban los vecinos, escuchábamos: nene, pibe, íngale, ragazzo, chaval, manzebiko… (1)

Algunos días, a la hora del crepúsculo, me sorprendían preguntas profundas, entonces dejaba mi rol de niño juguetón, travieso, asesino de incautos insectos. Eran los años de “la guerra fría”, en los que se hablaba de “espías”, de “Vietnam”, de un Muro levantado en Berlín y de “la carrera del espacio”. Dibujaba naves espaciales de todo tipo en mi cuaderno borrador de hojas cuadriculadas, y en aquellos atardeceres rutilantes miraba absorto el cielo y el centelleo de las estrellas; filosofaba con Don León, mi vecino esmirlí (2), en el "gran patio" común del inquilinato (3), discurríamos sobre la belleza de la esfera celeste, especulábamos con la posible existencia de "marcianos" que, tal vez, habitaran en un Universo tan vasto.

Un chico inquieto jugando a veces, inconscientemente, con la vida de pequeños seres de la naturaleza, abierto al asombro o escrutando las alturas, era el preludio de mi desvelo por lo desconocido, la inclinación hacia la indagación, las preguntas sobre la vida y la muerte, el interés por comprender el complejo y contradictorio presente, tan perpetuo como efímero, mi obsesión por el pasado, y la incertidumbre sobre un futuro que, por aquellos días, me parecía tan enorme y lejano.


Notas:

1) Niño, joven: en castellano, idish (habla de los judíos ashkenazíes, italiano, djudesmo (judeo-español).
2) Natural de Esmirna (Izmir, Turquía). Ciudad con una importante presencia de sefaradíes (judeo-españoles).
3) Tipo de vivienda en la que generalmente vivieron muchos inmigrantes. Predio amplio y antiguo, cuyas habitaciones se alquilaban a varias familias. Conventillo. Casa de vecindad.

* Un recuerdo de la infancia del autor transcurrida en la calle Padilla, en el barrio de Villa Crespo. Ciudad de Buenos Aires. Argentina.

Carlos Szwarcer
Publicado en “Los Muestros” Nº 65. Diciembre de 2006. Bruselas (Bélgica).

martes, 14 de noviembre de 2006

CARLOS SZWARCER: “UN CAMINO DIFÍCIL DE TRANSITAR”

Carlos Szwarcer es historiador y periodista. Nació en Buenos Aires, Argentina, ciudad en la que cursó la carrera de Historia en la Facultad de Historia y Letras de la Universidad del Salvador y el Ciclo Pedagógico en la misma Facultad. Fue conductor y productor del programa "Esta es otra Historia" en FM.88.V. López, entre 1992 y 1994; columnista invitado del bloque de Historia en el programa "El Refugio de la Cultura", AM. Radio América, en 1994 y 1995. Realizó la cobertura periodística de eventos culturales, políticos y educativos; Investigó para guiones de espectáculos y documentales, y desarrolló y seleccionó Efemérides para la producción de programas radiales. Es investigador histórico de Barrios e Instituciones de Buenos Aires, autor de artículos, ensayos, narrativa, etc. publicados en su país y el exterior, integrante del Grupo APH (Área de Protección Histórica) de Villa Crespo durante 2003y 2004. Colabora en Todo es Historia (Bs. As. Argentina) Revista Cuadernos del Tortoni (Bs. As. Argentina), Buenos Aires Cultural (Bs. As. Argentina), Revista del CECAO (Centro de Estudios Culturales: Pcia. de Córdoba (Argentina), Letras-Uruguay (Montevideo. Uruguay), Raíces (Madrid, España) y Los Muestros (Bruselas, Bélgica/ B.Hills, USA), entre otros medios.

Dictó conferencias en entidades privadas e Instituciones dependientes del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, Comisión de Preservación y Promoción de Cafés Notables de la Ciudad de Buenos Aires) sobre historia de Buenos Aires; la temática de dichas conferencias está relacionada con la inmigración, costumbres, tradiciones y diversidad cultural. Participó en el emprendimiento "Patrimonio de los Barrios", de la Dirección General de Patrimonio (Secretaría de Cultura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires) con textos e imágenes para la definición de los Hitos Históricos Barriales incorporados como material didáctico para entidades educativas y de divulgación general. Auspiciado por la OEI (Organización de Estados Iberoamericanos). 2003-2005. Desde 2003, coordina diversas visitas a hitos históricos barriales en el marco del emprendimiento "Los Barrios Porteños… Abren sus Puertas", organizado por Dirección General de Patrimonio Secretaría de Cultura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (actual Ministerio de Cultura).

Carlos Szwarcer y María González Rouco

Para conversar sobre la inmigración y otros temas, lo entrevistamos en Buenos Aires.

-Como muchos investigadores argentinos te interesás por la inmigración a partir de una circunstancia personal, el hecho de que tu abuelo materno y tu padre hayan sido propietarios del Café Izmir ¿Cómo viviste esa situación en tu infancia?

-En mi caso, aunque mis padres nacieron en la Argentina, mis cuatro abuelos llegaron de países muy lejanos, Ucrania y Turquía, sin duda esto debe haber marcado en mí cierta inclinación por los temas sobre inmigración. Mi abuelo fue el dueño del Café Izmir desde fines de los años ´30 hasta 1965, cuando falleció, y mi padre y un tío quedaron a cargo cuatro años, hasta 1969, momento en el que venden el fondo de comercio a una familia asturiana. Si bien el Café es todo un ícono de Villa Crespo y del Buenos Aires cosmopolita, un sitio renombrado a tal punto que fue designado Café Notable de la Ciudad de Buenos Aires, en mi infancia no tuvo el impacto que puede suponerse: mis recuerdos dentro del Izmir, de hecho muy agradables, son simplemente los de un pequeño que iba a visitar a su abuelo al lugar de trabajo; él me convidaba un yogurt o una gaseosa y yo me la pasaba jugando al fútbol entre las mesas y sillas con las chapitas de cerveza o gaseosas que estaban en el piso. Cosas de pibe que me hacían muy feliz. Pero las imágenes y vivencias del Café influyeron muchos años después cuando comencé a dedicarme a la investigación histórica y tomé conciencia de que ese sitio había sido mucho más importante de lo que suponía.

-¿En qué momento te diste cuenta de esa importancia?
-En la Facultad nos dieron para leer fragmentos de la novela Adán Buenosayres, de Leopoldo Marechal y quedé perplejo cuando me encontré, inesperadamente, con varios pasajes dedicados al Café, tomado como escenario de sorprendentes situaciones. Darme cuenta de que fue observado atentamente por este escritor que describió hechos y personajes tan particulares, me dio vuelta la cabeza, es decir, en ese momento sí comencé a tomar conciencia de que el Café Izmir, más allá de mis recuerdos de infancia, había sido algo más que el Café de mi abuelo, al que yo de tanto en tanto iba a visitar por las tardes. Vislumbré que en la gente, que en el barrio, había tenido más importancia de la que yo le había dado. A partir de ese momento comencé a indagar más detenidamente en la historia de mi familia y fue el motor para la búsqueda imperiosa de la verdadera historia de ese lugar, más allá de la ficción del Adán.

-¿Es cierto que conservás muchos elementos del Café?
-Sí, tal vez por ser el nieto mayor y dedicarme con pasión a la historia, mi madre me fue dando las fotos y elementos que pertenecieron al Café, vajilla, instrumentos musicales, los discos de pasta que allí se pasaban, montones de cosas. Además, antes de que lo demolieran, no sólo intenté evitar su desaparición sino que ante las topadoras, con gran esfuerzo, hice lo posible porque no se perdieran para siempre algunos restos materiales que hoy forman parte, con todo lo demás, de una colección que, seguramente, servirá para mostrar el material tangible de ese lugar tan particular y vinculado, muy especialmente, con la inmigración y la convivencia pacífica de la diversidad cultural.

-¿Estudiaste historia para ahondar en el tema de la inmigración?
-No, inicialmente en absoluto. Había estudiado un año de Medicina en La Plata y rápidamente percibí que aquello no era lo mío. Encontrar mi vocación me llevó a buscar información sobre arqueología, antropología. Al poco tiempo iniciaba la carrera de Historia, me orientaron a ella con el argumento de que en Argentina, con esta disciplina, tendría más perspectivas, y la encontré afín a mi tendencia humanística. Ya en las primeras clases comprendí que era lo mío. Mi impulso inicial fue entender el complejo presente y sabía que para éso tenía que conocer el pasado. Quería tener respuestas sobre los comienzos de la humanidad. Luego me encontré con las herramientas para indagar sobre los vericuetos de mis orígenes, es decir, sentí que estaba en el camino correcto para hallar el hilo conductor entre mis ancestros y el contexto en el que llegaron a la Argentina. Además, el haber vivido mi infancia en un inquilinato de la calle Padilla, en Villa Crespo, el contacto con tanos, gallegos, “rusos”, “turcos”…, la verdad que parecía un sainete, esas cosas te marcan. Recuerdo las fiestas de cada colectividad, nos reuníamos todos en el gran patio sin importar demasiado qué se festejaba, compartíamos. Era otra época, ni mejor ni peor, distinta. Aunque no podemos decir que no se armara alguna batalla, algún desaguisado entre tanta gente junta, claro, la perfección no existe ni existirá, pero siento un dejo de nostalgia por esa convivencia, por la solidaridad que existía… era un valor muy importante.

-Entonces buscaste darle sustento científico a tus vivencias
-Ciertamente, aquello inicial estaba presente embrionariamente, y después latente en los estudios en la Universidad, pero lo que me condujo a los temas relacionados con la inmigración, a ahondar en ellos, verdaderamente, fueron situaciones de comienzos de los años 90 cuando falleció mi padre y al poco tiempo una hermana de mi abuelo. Tal vez ésto me llevó a la puerta del Café Izmir. Hacía muchísimos años que no pasaba por allí. Vaya a saber qué fui a buscar, pero comencé a recopilar desesperadamente testimonios de vecinos, de habitués, de hijos de habitués. Seguramente quise, en parte, encontrarme otra vez con el Café Izmir de mi infancia y la realidad es que en cada informante encontré un mundo. La gente mayor que me abría sus puertas para contarme sobre el barrio y el Izmir me llevaba, inevitablemente, a la inmigración, eran relatos de inmigrantes. Fueron años de mucha investigación en fuentes y de dedicación a la historia oral. Fue el comienzo de mi pasión por esta temática. Las decenas de testimonios me dieron un material riquísimo en vivencias y anécdotas que suelen formar parte de mis artículos, ensayos y sobre todo de mi narrativa.

-En las visitas que guiás para el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, difundís estos temas. ¿Cuándo comenzaste con esta actividad?
-En el año 2003 me convocó a dar una charla el Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires y la Dirección de Patrimonio de la entonces Secretaría de Cultura para participar del asesoramiento sobre Hitos Históricos para los Desplegables Didácticos Barriales, primeramente sobre Villa Crespo y más tarde otros barrios. Luego, me invitaron como coordinador de algunas visitas en el Emprendimiento “Los Barrios Porteños Abren sus Puertas”, así participé desde entonces en Villa Crespo, Balvanera, Colegiales, San Nicolás. Ya van cuatro años. Generalmente las visitas se relacionan con lugares que de una u otra manera están vinculados a la inmigración: el Café Izmir, el recorrido por la Calle Gurruchaga, El Conventillo de la Paloma, el tango, teatros, templos, comunidades…

-¿Qué significa para vos poder escribir sobre la inmigración argentina en medios del exterior?
-Desde luego que mucho porque, como vos sabés, el investigador termina su prolongado y arduo trabajo recién cuando da a conocer el resultado del mismo. Pero que escribiendo sobre Argentina, particularmente sobre Buenos Aires, se interesen en mi material publicaciones importantes de España, Bélgica, Estados Unidos, etc., que divulguen estas historias tan nuestras en medios tan lejanos, indudablemente, me pone muy contento, aunque te diré que, a veces, uno se sorprende que le den más trascendencia afuera.

-Otros de tus puntos de interés son el Café Tortoni y el Museo del Tango, también relacionados con la inmigración. ¿Desde qué punto de vista te aproximás a estos temas?
-La revista “Todo es Historia”, en el 2002, publica mi artículo “El Café Izmir”. Menciono allí que Alejandro Rafael Alboger, mi abuelo materno, fue lustrabotas y luego mozo y mêtre del Café Tortoni hasta hacerse cargo del Izmir, dejándole el lugar a mi tío abuelo Yaco, el que con el tiempo termina siendo accionista del Café de Avda de Mayo. En el 2003 Roberto Fanego, uno de los dueños del Tortoni, leyó aquel artículo y decidió dedicar la Revista “Cuaderno del Tortoni” Nº 9 a los dos Cafés, solicitándome que la escribiera. Así surge “El Tortoni y el Izmir – un nexo para la historia”. Obviamente, además de Marechal, esos dos hermanos Alboger, judeo-sefaradíes, provenientes de Turquía, tienen que ver y mucho con la inmigración y con los dos Cafés. El material se presentó en Abril de 2003 en la Bodega del Café, la Sala Quinquela Martín, con el auspicio de la Secretaría de Cultura y la Comisión de Bares Notables de la Ciudad. En cuanto al Museo Mundial del Tango… cubrí su inauguración para un medio del interior y además ese día tan especial se entregaba al público presente un tríptico con fragmentos de mi artículo “Gardel y el Tortoni”, basado en mi investigación sobre la presentación en el Café del Morocho del Abasto en una recepción a Luigi Pirandello…

-También Gardel en tus investigaciones…
-¿Sabés qué pasa? el tango es parte de Buenos Aires y aunque soy de la época del rock el tango también me llega, lo escuchaban y bailaban mis viejos. Soy porteño hasta la médula y además me pusieron de nombre Carlos por Gardel, mi vieja era fanática de él. En el 2004, el 11 de diciembre, Día del Tango, se hizo una exposición en el Museo de la Casa de Carlos Gardel y allí un sector fue dedicado a la muestra Carlos Gardel y el Café Tortoni, con elementos del Café de principios del siglo XX y textos míos. Fue un momento muy emocionante.
-
¿Y el interés por el Teatro Maipo? Parece un tema muy distinto de los anteriormente mencionados.
-En cierta forma, la inmigración también tuvo mucho que ver con el desarrollo del teatro en Buenos Aires. Pero lo del Maipo fue inesperado, un trabajo de investigación encargado. En Agosto de 1994 se produjo la reapertura del teatro por parte de Lino Patalano y Julio Boca. Un tiempo antes recibí el llamado telefónico de la productora de cine y televisión Clara Zappettini para ofrecerme la investigación sobre la historia de los inicios de esa sala de espectáculos. Dado el escaso tiempo formé un pequeño grupo y nos pusimos a trabajar a full. Fue una experiencia muy interesante porque gran parte de lo relevado no se conocía y sirvió para realizar un documental llamado “Raconto del Teatro Maipo” y para la base de los textos del guión del espectáculo en el que, el 22 de Agosto de ese año, participaron Sandro, Gasalla, Tania y otros. A partir de ese trabajo me interesé en el Scala y el Esmeralda, los dos teatros que estuvieron en el mismo predio que el Maipo, y profundicé aquellos primeros enfoques. En el año 2004 “Todo es Historia” publica “Prehistoria del Teatro Maipo”, donde recorro el camino desde la zarzuela en España, los orígenes del teatro de Revista, la actividad del Scala, del Esmeralda y llego a 1922, cuando comienza a funcionar el teatro, efectivamente, con el nombre actual.

-¿En qué trabajás actualmente?
-Soy bastante obsesivo y perfeccionista pero al mismo tiempo anárquico, mejor no mires mi escritorio, pero normalmente tengo un trabajo adelantado, digamos central, sobre el que me dedico a full mientras mantengo abiertas investigaciones laterales y escritos que sigo puliendo hasta terminarlos. Actualmente estoy redondeando relatos sobre los sefaradíes en Buenos Aires para publicar en próximos meses; una investigación sobre Milagros de la Vega y también comencé a tomar testimonios para relevar datos y dar a conocer historias y anécdotas sobre un par de cafés de Buenos Aires. En fin… quizás el tema que hace un par de años me desvela es la realización de una exposición sobre inmigración a partir de los materiales del Café Izmir. Me perturba mirar hacia atrás y ver que en los últimos diez años fallecieron más de la mitad de las personas de edad, de nuestros mayores, aquellos que me brindaron oportunamente su testimonio de vida, y que sus vivencias sirvieron para rescatar de un olvido seguro parte de sus tradiciones, de nuestros orígenes, de nuestra forma de ser.

-Se te ve muy comprometido con la preservación…
-Es que hay tanto para hacer, para sacar a la luz, historias todavía desconocidas que son parte de nuestra identidad y que se perderán si no tomamos testimonios, si no escuchamos esas voces, si no recuperamos esos recuerdos. Estos hechos de la realidad me movilizan para buscar una salida, una respuesta al problema de la preservación de nuestro patrimonio cultural, no es suficiente lo que se hace. Últimamente, algunos escollos me motivaron a poner en marcha la organización de una estructura que sea espacio de encuentro de interesados en proteger, contar, divulgar estos temas, alentar las iniciativas, tal vez por medio de una Fundación u otro mecanismo acorde a estas necesidades. Es importante lograr recursos que financien proyectos de investigación y publicación sobre inmigración y diversidad cultural. Es un camino difícil de transitar pero creo que vale la pena intentarlo.

Maria Gonzalez Rouco para: LETRAS-URUGUAY, Montevideo, 2006

viernes, 20 de octubre de 2006

RODAS: MEMORIA Y LEGADO

- exposición inaugurada en Buenos Aires-

Por Carlos Szwarcer


El 18 de octubre pasado se inauguró la exposición “Rodas: Memoria y Legado” en el ámbito del Museo de la Shoá (Holocausto). La interesante y didáctica muestra da a conocer la historia de los judíos sefaradíes procedentes de esta isla del Mar Egeo, a la que llegaron luego de la expulsión de la península Ibérica ocurrida a fines del siglo XV.

Muchos de los descendientes nacidos en la isla o bien llegados a la misma desde Cos, Esmira (Izmir), Estambul (Istambul), etc., se afincaron desde comienzos del siglo XX, entre otras ciudades, en Buenos Aires. Los rodeslíes arribados a la capital de la República Argentina se concentraron mayoritariamente en el barrio de Colegiales y fue el Centro Comunitario Chalom, originado legalmente en el año 1929, la institución madre que reunió a aquellos primeros inmigrantes. Para la actividad religiosa erigieron el templo de la calle Olleros 2876 (inaugurado en 1937), que desde entonces fue su fundamental punto de encuentro, si bien promueven intensamente acciones culturales, sociales y deportivas.

Buenos Aires cuenta con “El Museo de la Shoá” - fundado en 1993-, institución que tiene entre sus objetivos mantener viva la memoria del holocausto, para que hechos de esa naturaleza nunca más se repitan, a partir de actividades que impulsen las manifestaciones del arte y la cultura. En esta oportunidad ha cedido sus instalaciones para el significativo evento cultural de la pujante comunidad sefaradí proveniente de Rodas; es menester recordar que ésta fue víctima de la barbarie nazi, de la que se calcula que sobrevivieron apenas unos 150 judíos de los casi 2000 que vivían allí en 1943.

En el edificio de la calle Montevideo 919, minutos después de las 19 hs., dio comienzo el acto con la presencia de numeroso público. El presidente de la Fundación Memoria del Holocausto Dr. Mario Feferbaum dio la bienvenida a los presentes, y en sus primeras palabras reconoció cierta exclusión del tema sefaradí dentro del amplio marco de la comunidad judía, aludiendo a una probable forma de discriminación.

Marcelo Benveniste, integrante de la comunidad -quien junto a su esposa, Liliana, y un pequeño grupo, han sido los principales promotores de esta exposición -, comentó el esfuerzo y dedicación que se necesitó para realizar esta singular muestra. El Ing. Ernesto Kazez, de Chalom, se refirió a la historia del “Sefer Torá”: rollo de 800 años de antigüedad que contiene el Pentateuco y que varios estudios científicos indican como originario de España. Estas añosas y sagradas escrituras sobrevivieron a los siglos, utilizándose en las ceremonias religiosas de una de las sinagogas de la ciudad de Rodas y fueron protegidas por la autoridad musulmana: "Chief Mufti", durante la ocupación nazi de la isla en la 2ª Guerra Mundial. Desde 1984 pasaron a estar custodiadas por el Centro Comunitario Chalom en Buenos Aires, cuando el presidente de esta institución, Salomón Notrica, las recibió de manos de Maurice Soriano, Presidente de la Comunidad Judía de Rodas. El rollo sagrado hoy constituye una de las piezas más interesantes de esta exhibición.

El Dr. José Menascé, uno de los vicepresidentes de la Fundación Memoria del Holocausto y sefaradí sobreviviente de la Shoá, realizó un raconto de la historia de la comunidad de la isla de Rodas desde su origen hasta la actualidad y enfatizó la necesidad imperiosa, a comienzos del siglo XXI, de preservar la memoria.

A continuación, en la planta baja, se pudo recorrer la muestra de la artista Raquel Avzaradel de Yohai, descendiente de rodeslíes. Se destaca su serie de doce bellísimos cuadros con la imagen exquisitamente colorida de distintos sitios de la ciudad de Rodas. Inmediatamente se accedió al primer piso donde se encuentra, en una de las varias vitrinas, el Sefer Torá. Mapas, gigantografías, fotos, menciones a oficios, negocios, cementerios, música, documentos, y vestimentas de época, manteles, bogos, libros, utensillos religiosos, enseres de cocina, en su mayoría cedidos por particulares, pudieron observarse en un marco agradable, donde la estética y la información cumplen ampliamente con el objetivo de crear el interés por el conocimiento de esta comunidad.

“Rodas: Memoria y Legado” se extenderá hasta el 16 de noviembre y contará entre sus actividades con videos, conferencias, conciertos, proyección de películas, etc. Es una de las ricas manifestaciones de la diversidad cultural de Buenos Aires y un excelente modelo del esfuerzo de una comunidad que quiere contar su historia, mostrar sus raíces. De algún modo es el mensaje de cómo sobrevivir aún en la adversidad. Será por eso que antes de comenzar la exposición, Liliana Benveniste entonó la canción "Arvoles yoran por yuvias", cantada por los judíos sefaradíes llevados a los campos de concentración; su letra traduce el dolor sentido por el desarraigo, paradójicamente, es una canción de amor que habla de la amada que está lejos, del anhelo, de los sueños y las ansias por estar junto a ella. Esta introducción artística, posiblemente, resume la vida cotidiana de los judeo-sefaradíes en el transcurso de su larga historia: la esperanza aún en las viscicitudes. Una enseñanza.


Carlos Szwarcer
Buenos Aires, octubre de 2006.

martes, 10 de octubre de 2006

“PATRIMONIO CULTURAL: PUNTO DE CONTACTO RIOPLATENSE."

- entrevista al Arq.Horacio Spinetto -

Por Carlos Szwarcer

El 7 y 8 de octubre pasados se celebró en Montevideo el Día del Patrimonio, jornadas organizadas por el Ministerio de Educación y Cultura, la intendencia de Montevideo y el Ministerio de Turismo. Nos encontramos con el Arq. Horacio Spinetto, coordinador del emprendimiento “Los Barrios Porteños Abren sus Puertas” (dependiente de la Dirección General de Patrimonio del Ministerio de Cultura del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires), quien formó parte de la comitiva porteña llegada a la capital de la República Oriental del Uruguay.

- ¿Cómo surgió la idea del viaje a Uruguay en el día del Patrimonio del vecino país?

- Fue a raíz de una invitación oficial realizada por la Intendencia de Montevideo, el Ministerio de Turismo y la CAMBADU (Institución que apoya y nuclea al comercio minorista).

- ¿Quienes fueron representando a la Dirección General de Patrimonio del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires?

- Por la Dirección General de Patrimonio fuimos Silvia Agostino y yo, y por la Comisión para la Preservación del Patrimonio Histórico Cultural Patricia Corradini.

- Las actividades desarrolladas fueron intensas...

- Sí, realmente fueron muy intensas. Recorrimos edificios de alto valor patrimonial (Teatro Solís, Sala Zitarrosa, Casa Museo Zorrilla de San Martín, Palacio Delucchi, el BID, el Centro Gallego, el Mercado del Puerto, los depósitos del Puerto con techo realizado por el Arq. Eladio Dieste, etc.), y además realizamos, junto a gente de la CAMBADU, un circuito por los Cafés y Bares montevideanos destacados: Brasilero, Fun Fun, Tabaré, Roldós, Rondeau, Rey, Almacén Cavalieri, Micon´s, Montevideo Sur, Bacacay, Tasende, La Picada, Monteverde, Yatasto, etc. Además concurrimos a diversas charlas y conferencias que sobre la obra del arquitecto Dieste se ofrecieron. La compañía y guía permanente de los arquitectos Nery González, Leonardo Gómez y Mónica Bacchi, junto a la escribana Dorys Rodríguez, permitió que pudiéramos aprovechar y disfrutar plenamente nuestra estadía.

- ¿Cual es la situación en Uruguay en relación a la defensa del patrimonio cultural?

- Que esta haya sido la edición número 12 del Día del Patrimonio, habla a las claras del interés uruguayo por la defensa de su patrimonio cultural. Es de destacar que estas jornadas se celebraron no sólo en Montevideo, si no en todo el país, participando en ellas las diferentes intendencias municipales y el Ministerio de Turismo, además de una muy interesante cantidad de empresas privadas.

- En cuanto a la toma de conciencia de la necesidad de preservación del patrimonio tangible e intangible ¿qué diferencias y semejanzas puede marcar entre los dos países?

- Tanto en Buenos Aires como en Montevideo la necesidad de la preservación del patrimonio cultural se ha instalado en la vida cotidiana, siendo por lo tanto un tema que poco a poco va ocupando el espacio que realmente merece. La concientización y el reconocimiento de instancias que corresponden a nuestra verdadera identidad son la base, junto a una adecuada legislación, para el desarrollo de una obra de preservación seria y sincera.

- ¿La estrategia en defensa de los Bares Notables parece servir de modelo. Una delegación uruguaya llegó a Buenos Aires para interiorizarse de los planes implementados en esta ciudad verdad?

- Durante el pasado mes de septiembre una delegación uruguaya visitó la Subsecretaría de Patrimonio Cultural del Ministerio de Cultura del GCBA y se interesó por la labor de nuestra Comisión de Protección y Promoción de Cafés, Bares, Billares y Confiterías Notables de la Ciudad de Buenos Aires, creada por Ley 35 del año 1998.
En lo que hace al caso montevideano, cabe manifestar que a fines del año 2002 se aprobó el Decreto Municipal 30.168, mediante el cual quedó constituida la Comisión de Apoyo y Promoción de Comercio con giro de "Café y Bar" o "Almacén y Bar", integrada por delegados de la Intendencia y la Junta Departamental de Montevideo, el Ministerio de Turismo y CAMBADU, siendo esta última institución la promotora de la iniciativa.
En los años siguientes esta Comisión llevó a cabo un minucioso relevamiento de los locales, asignándoles un particular valor en cuanto a su valor testimonial, previendo para ellos la puesta en marcha de programas de "apoyo y promoción", algunos de los cuales ya se han concretado y otros están a la espera de la disponibilidad de los recursos necesarios.

- Van a desarrollar acciones conjuntas en estos temas?

Sería muy interesante poder concretar algunas acciones conjuntas, que certificaran la identidad del patrimonio cultural rioplatense.

¿A qué conclusiones arribaron luego de este intercambio cultural entre ambos paises?

Que son muchísimos los puntos de contacto entre porteños y montevideanos / montevideanos y porteños (además del tango, los cafés y el fútbol), rioplatenses al fin, y que ha llegado el momento de evidenciarlos trabajando juntos, y mostrárselos al mundo.


Carlos Szwarcer
Buenos Aires, octubre de 2006.

--------------------------------------------

viernes, 6 de octubre de 2006

Galería de fotos 04


imagen
Publicación del 2º Encuentro Internacional sobre Literatura y Artes Plásticas en la AMIA.
Julio de 2003.


imagen
Carlos Szwarcer en el 2º Encuentro Internacional de Literatura y Artes Plásticas exponiendo: "El Bar Izmir, ícono Sefaradí de Buenos Aires". AMIA. Buenos Aires. Julio de 2003.


imagen
En la Inauguración del "Museo Mundial del Tango", con Horacio Ferrer.
 Buenos Aires, diciembre de 2003.


imagen
Mario Clavel y Carlos Szwarcer en la Inauguración del "Museo Mundial del Tango".
 Buenos Aires. Diciembre de 2003.

imagen
En la Sala Quinquela Martín, Bodega del Café Tortoni,
con el representante cultural de la Embajada de Turquía, Ali Findik y Sra. Abril de 2003.


imagen
Triptico "Gardel y el Tortoni".
Basado en el artículo del mismo nombre, publicado en "Buenos Aires Cultural".


imagen
Con Roberto Fanego, dueño del Café Tortoni. Buenos Aires. 2006.